EMBAJADA CRISTIANA

El martes de fiestas tras encomendarse en una emocionatn súplica a la Virgen de las Injurias, patrona de la Villa, y enviar su Embajador a parlamentar con el bando moro, cuando recuperan sus posesiones y enclavan la bandera de la cruz en lo alto del castillo.

Suplica:

Excelsa Virgen del eterno Madre;

Estrella refulgente del empiro;

Blanca azucena de fragante aroma;

Del celeste vergel cándido lirio!

Solo Señora vos del alto trono

donde sentada junto a Dios os miro,

podréis interceder madre adorada

para auxilie a vuestros fieles hijos.

Mirad en torno, soberana reina;

mirad estos semblantes abatidos;

mirad sus ojos de llorar ya secos;

mirad sus pechos de dolor partidos.

Mas ¡ah! ¿No han de llorar? Si Virgen, lloran porque ven en

poder de esos sacrílegos, nuestra villa, su templo vuestra

imagen, que es nuestro amparo, amor y auxilio.

Hacednos la  devuelvan, madre amada y que salgan en paz de

ese Castillo.

No permitáis se encienda cruda guerra.

porque de sangre correría un río,

¡Sangre humana sin piedad vertida!

En ambos bandos por el cruel cuchillo.

Si fuera tan feliz que mi plegaria

ondulando llegará a vuestro hijo,

entonces mis palabras llegarían

al duro corazón de esos impíos,

y en paz saldrían de mi amada patria

y en paz dejaran sus queridos hijos.

Mas si sordos están a nuestras súplicas

si contra mi voluntad la guerra admiten

viva en el alma la esperanza llevo

que no me ha de faltar tu patrocinio;

y cual en Covadonga también, ahora

a ellos volverán sus mismos tiros.

No importa que sus fuerzas nos tripliquen

porque ayudados del amor divino;

la espada en una mano y la otra

de vuestra redención el sacro signo;

en el alma grabada vuestra imagen

y delante la vista, el enemigo,

la victoria sin duda será nuestra

porque va con nosotros Jesucristo.

¡Madre de la Injurias! Loada seáis,

Extended vuestro manto compasivo

sobre este pueblo que os adora humilde,

y fía en vuestro amado hijo.

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Cristiano: ¡Ah del fuerte; ah del Castillo!

¡Ah del Moro!

 

Moro: Quien me llama

 

Cristiano: Un Cristiano

 

Moro: ¿Qué quieres?

 

Cristiano: Dile a tu Señor que salga.

 

Moro: ¿Qué me queréis Español?

¿Para que me buscas? Habla.

 

Cristiano: ¿Serás por dicha el caudillo

que gobierna aquesta plaza?

 

Moro: ¿Tu lo has dicho, que se ofrece?

 

Cristiano: Vengo en nombre de mi patria

a decirte gran señor

nada mas cuatro palabras.

 

Moro: Ya te escucho; se ligero,

y en cuanto antes acaba.

(Pausa)

 

Cristiano: Oye pues, El gran Don Jaime,

Rey de Aragón, cuya vida,

el cielo guarde mil años

por embajador me envía,

para que a ti Mahometano,

en su Real nombre te diga.

Que pues sabes la proezas

de su atrevida milicia;

los grandes hechos de armas

que en toda la Monarquía

el Valor de sus soldados

alcanzó de la morisma;

los esforzados mandobles

que en Mallorca y en Ibiza

diezmaron en tus falanges

nuestras pequeñas guerrillas;

bajas de tus ejércitos

sufren ya todos los días

en todos nuestros encuentros

y el desastre y la ruina

de vuestra terrible armada

sobre las costas vecinas

de Benidorm y de Altea

pruebas elocuentísimas,

que en el África hacéis falta,

y sobra en la tierra Ibera.

¡Cinco siglos van pasados

desde la atroz villanía

de aquel español espurio,

que por su venganza indigna,

vendió a su Rey y a su patria

a su sangre y su familia….

Quinientos años que somos

parias en la patria misma.

Y de esclavitud cansados

alzamos la frente altiva.

Basta ya de humillaciones

acabe tanta ignominia.

Pasó el tiempo de Almanzor

en que su nombre infundía

tanto espanto que aterrados

nuestros mayores huían.

Hoy ya despertó el León

del letargo en que yacía;

Recuerda lo de las Navas;

acuérdate de aquel día

en que al empuje de Alfonso

mordieron tierra sus filas.

El Rey Don Fernando el Santo

por las tierras de Castilla,

barriendo va vuestras armas

una tras otra conquista.

Y mi Rey por Aragón

y por Valencia…. no hay día

que tras de alguna derrota

no perdáis alguna villa.

Pues bien ese Rey Don Jaime

mi Señor… la bondad misma,

que para vencer tan solo

querer vencer necesita

quiere concederte treguas

para que dejéis la villa

ya salgáis en paz de aquí

con todas vuestras familias.

Esto os permite mi Rey…

y en verdad que no debía

porque vuestra estancia ha sido

en extremo… torpe… indigna.

Indigna si? Que habéis hecho

De aquellas gentes sencillas

Que brindaste amistad?

¿Donde está el honor de sus hijas?

La sombra de aquellos padres

que murieron de desdicha

y de dolor… pide sangre.

Sangre la conducta impía

que destruyó las imágenes

y templos.

¿No te han dicho tus mayores

su conducta en esta Villa?

¿No has visto Algar? Ah mi alma

de pensarlo se contrista?

(Pausa)

Era aquello un paraíso

donde habitaban familias

de costumbres patriarcales

y con su pobreza ricas.

Y al llegar Aben-Shaid

se interrumpe tanta dicha.

Manda que encierren los hombres

y al infeliz que resista

la cabeza separada

caiga del tronco enseguida,

ni lagrimas ni lamentos

ni los ayes de agonía,

enternecer consiguieron

aquel corazón de hidra.

Y los hombres sucumbieron;

y las madres y sus hijas,

ni respeto a nada humano,

fueron llevadas cautivas

y arrastrando hasta el castillo

que en Bernia el Señor tenia,

Y allí… ¡hay!… ¡horror! vergüenza

da el recuerdo de aquel día.

Igual sucedió en Micleta

en Algoda y en Alcudia.

Y como vencer de frente

nuestras armas no podían,

llamasteis a la traición;

y en noche lóbrega yfría

un miserable alevoso

quitó al Capitán la vida

al valiente y leal Briones

gloria y honor de esta villa.

Así vencisteis y luego

no satisfecha aun la ira,

por las calles arrastrasteis

a nuestra madre querida.

¡Digna hazaña de vosotros

y vuestra raza víbora!

¡Sangre pues! ¡ojo por ojo!

diente por diente… debía

cobrar hoy mi Señor;

pero en su alma no se anida

la venganza… no; un Cristiano,

antes que vengarse olvida.

Olvidadas están, pues,

todas vuestras felonías,

pudiendo hacer polvo… nada

en un instante tus filas.

No por vanidad perdona;

lo hace si, porque mira

que su santa religión

en la caridad se estriba,

y porque ve que su Dios

cuando en una cruz expira

pide a su padre el perdón

de aquellos que le asesinan.

Enpago tan solo pido

que abandonéis esta villa.

Libres sois cuando gustéis

salid con vuestras familias;

llevad también los tesoros

que adquirió vuestra codicia.

Yo respondo de que nadie

se opondrá a vuestra salida

(Pausa)

¿Me has oído, Mahometano?

¿Qué piensas? ¿Qué determinas?

Decídelo pues, no expongas

con necio valor tu vida.

Acepta del Rey Cristiano

la buena paz que te brinda,

y no esperes que las armas

de vuestra suerte decidan.

Esta va ya con nosotros;

nuestra causa es la justicia

y en el tiempo ya a sonado

la hora de reconquista.

Ya no quedan en España

otros hijos de Wittiza

ni otro obispo cual Don Opas,

ni otro padre de Florinda.

Se acabaron los traidores

Callosa grande... se olvida

del luto y desolación

que trajo vuestra venida;

y solo anhela no veros.

Ea, pues, dejad la villa;

pasad el estrecho rápido

Sin volver siquiera la vista,

que en el África hacéis falta,

y sobra en la tierra Ibera.

 

Moro: ¿Has terminado Cristiano?

Pues atiende y di a tu Rey

mi respuesta. Será corta,

porque no quiero perder

el tiempo en palabras vanas.

Dirasle a Don Jaime pues,

que estoy muy agradecido

a su fino proceder,

y le doy inmensas gracias

pues se porta tan cortés.

Pero añade… no te olvides

Que el que defiende esta grey

no es un hombre que se humilla

tan fácil cual piensa el.

Que  para entrar en la plaza

antes será menester

pisotear su cadáver

cien veces ¿lo entiendes bien?

¡Miserable!   tu me ofreces

paz y amistad, porque ves

que en lucha abierta conmigo

nunca me podrás vencer.

Siempre fuisteis los Cristianos

muy orgullosos,… lo sé,

y valientes de palabra

y muy listos de los pies,

cuando en especial delante

veis un hijo de Ismael,

¡El treinta y uno de Julio!

¡que día! ¿Te acuerdas bien?

¡Ah no creo que olvides.

Allí tu cobarde Rey

a orillas Guadalete

huyó cual veloz lebrel

pereciendo entre sus aguas.

Piensa en Alarcos después

y en todas cuantas batallas

frente a nosotros os veis.

Si Don Fernando tercero;

Si tu Rey Aragonés

Han conseguido algún lauro

¡ya dueños de España os creéis!

Esas son glorias efímeras

no goces en ellas pues.

Si el León ha despertado,

pronto dormirá a sus pies;

y con sueño tan profundo

que no despierte tal vez.

(Pausa)

Quien te ha contado la historia

de vuestro Algar ¿y la creéis?

Eso son necias patrañas

doradas con oropel

para que el vulgo ignorante

nos odie mas. Eso es;

eso es y no otra cosa

la historia de ese vergel.

Déjate pues de palabras;

y si quieres conocer

quien somos nosotros … llega

toma las armas y ven

y prometo que la tierra,

¡infame! has de morder.

Pero no; yo no debía

contestar a tu altivez

con palabras el desprecio

fuera mas propio. Muy bien

(Pausa)

¿Con que me ofreces la vida?

De tan fino proceder

estoy admirado! Necio

¿me tienes ya en tu poder?

¿No sabes que para entrar

hasta allí donde yo esté

las filas de mis guerreros

las tuyas han de romper?

¿No ves cual reluce el hierro?

¿Tampoco distingues bien

ese tropel de turbantes

que aparecen por doquier?

Esos dicen no hay paz

para Cristo no hay cuartel

guerra a muerte; mueran todos

los cristianos de una vez.

Esto dirás a Don Jaime;

que yo el caudillo Mahoma

Desprecio  su caridad

Que venga ese aragonés

y verá como consigo

que se humille ante mis pies.

Sois pocos para nosotros; (Fuego)

y para poder vencer,

necesitáis insensatos,

el nacer segunda vez.

No nos creáis tan cobardes

para faltar al deber.

Y al proponernos tal cosa

fue mucha tu avilantez.

Si he escuchado tus palabras

y si me sostuve fue

porque te ampara y protege

de Embajador la Ley.

Aléjate pues, y déjanos

pronto en paz que no podré

sostener a mis soldados

y la audacia pagareis.

(Pausa).

 

Cristiano:

Con que  con tanta arrogancia

despreciáis la paz, muy bien.

¡No sabes lo que significa,

miserable tu altivez!

Tu mismo, tu mismo buscas

vuestra destrucción sea pues,

y ya que quieres la guerra,

la guerra tendréis pardiez.

Mas no pienses insensato;

que en ella ha de haber cuartel,

la guerra a de ser muerte

solo vencer o morir.

No confíes en tus fuerzas;

pues aunque nos tripliquéis,

la victoria será nuestra;

nuestra, sino lo dudéis,

pues ella va tras Don Jaime

el valiente aragonés.

 

Moro:

Basta ya Cristiano necio,

Tu insolencia toleré,

porque siempre fue en nosotros

la cortesía una Ley.

Mas por Alá yo te juro

que muy pronto has de saber

que en vez de huir atacamos;

que vencemos uno a cien;

que valientes y aguerridos

con bizarra intrepidez

entramos en el combate

dó confiamos vencer.

¡Como quieres comparar

Un Moro a un aragonés!

 

Cristiano:

¡Soldados! Habéis oído

su insolencia y altivez?

A las armas. Vive Cristo!

la ocasión no despreciéis.

¡Sus! Leones. La melena

sacudid; no haya cuartel

Ruja aquel que en Covadonga

Hizo temblar al infiel.

La virgen de las Injurias

Nos protege vamos pues.

¡Muera el Moro!

Guerra a Mahoma

Soldados… a él…. a él….